Jordi Labanda: “Conducir te da una felicidad y una libertad que no se pueden explicar”.

Vive en Nueva York pero lleva a Barcelona en el corazón. Tiene un viaje pendiente al Gran Cañón del Colorado. El lugar más extraño donde ha dibujado ha sido un avión.

– ¿Cómo te mueves por Nueva York? ¿Tienes coche?

Caminando y en metro. Nueva York es una ciudad muy agradable para caminar, y en cambio en coche es más complicada, más pesada. Cojo mucho el coche para hacer salidas de fin de semana, ya que conducir por las autopistas de EEUU es muy agradable, sobre todo en California, donde todo está muy preparado para el coche. Aquí tengo coche en una casa en Formentera, aquí en Barcelona no tengo porque no necesito. Y lo echo mucho de menos, porque me gusta mucho conducir.

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– ¿Cuando empezaste a conducir?

Fui un conductor tardío, me saqué el carné a los 40. Conducir te da una felicidad y una libertad que no se pueden explicar.

– Hay un coche a tu nombre (Nissan Micra Labanda). ¿Cómo se costumiza un coche?

En ese momento todavía no tenía carnet. Incluso me propusieron regalarme un coche y dije que no. Ahora me arrepiento. Un coche, al final, es un apoyo. Es igual un coche que una taza de café: te adaptas a la morfología del objeto. Hicimos dos cosas: una carrocería decorada con cristales de swarovski espectacular, pero pieza única de exposición en el Salón del Automóvil, y a nivel comercial unas intervenciones en el interior. De todos modos, lo de las marcas de coches que hacen ediciones especiales con diseñadores es muy epidérmico porque el coche es algo muy caro y todas las intervenciones que te dejan hacer son muy superficiales (adhesivos, rincones…), porque si la producción no tiene salida, lo suprimen y siguen produciendo normal. Al final es una operación de imagen y sirve para que la marca tenga un retorno de inversión en imagen. Pero a nivel económico no es un gran negocio customizar con un famoso. Lo hicimos dos años seguidos, en dos modelos de Micra distintos, y funcionó muy bien.

– ¿Has necesitado alguna vez ayuda del RACC?

Una vez, no se me encendía la batería en Formentera. Y como todo es muy abierto, o te vienen a ayudar o no sabes por dónde ir… Vino un mecánico y me puso en marcha el coche. El RACC me da mucha seguridad, tal vez por haber entrado tarde en el mundo de la conducción; saber que estás protegido por una compañía así me da mucha tranquilidad.

Yo me hice del RACC porque una vez en Formentera, lavando el coche en el taller, a mi lado había una chica que tenía un jeep al que le estaban cambiando la rueda, y me dijo “aquí en Formentera con tantos caminos se me pincha la rueda a menudo, pero suerte que soy del RACC “. Y yo dije: “pues yo también quiero ser del RACC”.

Ilustracion Labanda

– ¿Cómo es ser del RACC viviendo lejos de Barcelona?

Lo llevo muy bien, porque cada vez que he ido en coche allí estoy muy tranquilo de saber que con una llamada te pueden atender en tu idioma. Es como si alguien de tu casa estuviera allí pendiente de ti.

– ¿Cómo has dibujado al RACC?

El mecánico del RACC está con el ordenador del coche taller, como si la incidencia ya estuviera solucionada, y ella le dice: “Ya que hemos ido tan rápido y tienes un ordenador, ¿me dejas conectar a mi Facebook?”.

Esta entrevista ha sido realizada por el equipo de la Revista RACC, la puedes consultar al completo aquí.